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Dólar estable, salarios que recuperan terreno y una brecha cada vez mayor entre soja, maíz y ganadería

La economía muestra señales de estabilidad cambiaria y desaceleración inflacionaria, mientras que en el sector agropecuario se profundizan las diferencias entre actividades. La soja mejora su poder de compra frente a los insumos, el maíz continúa bajo presión por los costos y la ganadería sostiene una relación insumo-producto ampliamente favorable pese a una menor faena.

La economía argentina transita una etapa de relativa estabilidad macroeconómica, caracterizada por una desaceleración de la inflación, una recuperación moderada de los salarios reales y un mercado cambiario que, si bien exhibe valores superiores a los proyectados meses atrás, mantiene una trayectoria ordenada. En paralelo, el sector agropecuario presenta realidades muy distintas según la actividad: mientras la soja consolida una mejora en su capacidad de compra frente a los principales insumos y bienes de capital, el maíz continúa perdiendo competitividad. La ganadería, por su parte, atraviesa un contexto favorable en términos de precios y relaciones de intercambio, aunque con señales de menor actividad productiva. 

Uno de los aspectos más relevantes del período es el comportamiento del mercado cambiario. El tipo de cambio se ubica actualmente cerca de 50 pesos por encima de lo previsto en el informe anterior, en un contexto donde el Banco Central profundizó la acumulación de reservas mediante fuertes compras de divisas. De acuerdo con las estimaciones, las adquisiciones superan en más de USD 13.000 millones las metas previstas para los primeros siete meses del año. A pesar de ello, las proyecciones de mediano plazo permanecen prácticamente sin cambios, con un dólar estimado en torno a los $1.660 para diciembre. De concretarse este escenario, el tipo de cambio registraría una suba anual cercana al 13%, cifra que continúa ubicándose por debajo de la inflación esperada y refleja una apreciación relativa de la moneda local.

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La evolución de los salarios constituye otro de los indicadores que permite evaluar el desempeño de la economía real. Durante mayo, el índice salarial aumentó 2,2% mensual y acumuló un crecimiento de 35,9% en los últimos doce meses. Este incremento supera en 2,4 puntos porcentuales a la inflación acumulada en igual período, generando una mejora estimada del poder adquisitivo del orden del 1,8%. Sin embargo, el análisis por sectores muestra un escenario más heterogéneo. Tanto los trabajadores del sector privado registrado como los empleados públicos registraron incrementos inferiores a la inflación, con subas interanuales de 29,3% y 27,4%, respectivamente. Esto implica que buena parte de los asalariados formales todavía no logra consolidar una recuperación significativa de sus ingresos reales.

Maíz: el deterioro más importante se observa frente al gasoil, donde la pérdida de poder de compra alcanza el 34% interanual.

En materia de precios, la inflación continúa mostrando signos de desaceleración. El registro de junio fue de 1,9%, ubicándose por debajo de las expectativas del mercado, mientras que las estimaciones privadas para julio se mantienen en niveles similares e incluso contemplan la posibilidad de un dato inferior. A la vez, las proyecciones a doce meses apuntan a una inflación cercana al 22%, lo que reforzaría un escenario de mayor previsibilidad para empresas y productores. 

Dentro del agro, la relación insumo-producto continúa siendo una de las variables más observadas al momento de evaluar rentabilidad y capacidad de inversión. En este aspecto, la soja se consolida como el cultivo con mejor desempeño relativo. La mejora de los precios registrados durante las últimas semanas elevó su capacidad de compra frente a varios insumos estratégicos y bienes de capital.

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Particularmente destacable resulta la evolución frente a la maquinaria agrícola. Durante junio se necesitaron alrededor de 1.300 toneladas de soja para adquirir una cosechadora, unas 470 toneladas menos que un año atrás. Se trata de uno de los mejores registros de los últimos tres años y evidencia una recuperación significativa del poder de compra del productor sojero. Algo similar ocurre con las sembradoras, donde el requerimiento de producto es actualmente 22% menor al observado en junio de 2025.

La soja también mejoró su posición frente a las pick-ups, requiriendo unas 112 toneladas por unidad, lo que implica unas 25 toneladas menos que hace un año. No obstante, no todas las relaciones muestran avances. El productor todavía necesita más soja para adquirir gasoil o glifosato que doce meses atrás, lo que refleja que algunos costos continúan creciendo a mayor velocidad que el precio del grano.

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La situación del maíz es considerablemente distinta. Aunque el cereal experimentó una recuperación de precios impulsada por cuestiones climáticas en Estados Unidos, demoras de cosecha a nivel local y factores geopolíticos, su relación con los principales insumos sigue siendo débil. El deterioro más importante se observa frente al gasoil, donde la pérdida de poder de compra alcanza el 34% interanual. También se verifican retrocesos relevantes frente al glifosato, con una caída de 32%, y frente a la urea, donde el deterioro ronda el 29%.

Este fenómeno refleja una combinación compleja de menores márgenes, mayores costos relativos y una estructura de precios que todavía no logra recomponer la rentabilidad del cultivo. Incluso algunas relaciones históricamente sensibles, como el costo de los fletes, continúan exhibiendo un comportamiento claramente desfavorable para el productor maicero. 

Los valores de la hacienda siguen mostrando incrementos por encima de la inflación y sostienen relaciones de intercambio muy favorables frente a los principales insumos.

La ganadería, en tanto, presenta uno de los panoramas más positivos del sector agropecuario. Los valores de la hacienda siguen mostrando incrementos por encima de la inflación y sostienen relaciones de intercambio muy favorables frente a los principales insumos.

Durante julio, el precio del ternero aumentó 2,9%, acumulando una suba de 53,6% en los últimos doce meses. El novillito, por su parte, avanzó 2,7% en el mes y registra un alza interanual de 52,8%. Ambos indicadores superan ampliamente la inflación acumulada del período y explican la mejora del poder de compra observada en los establecimientos ganaderos. 

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Como consecuencia, tanto el ternero como el novillito requieren actualmente menos producto para adquirir cualquiera de los diez insumos analizados respecto de un año atrás. Los casos más notorios aparecen en bienes de capital y vehículos, donde las mejoras alcanzan reducciones superiores al 30% en las cantidades necesarias para concretar una compra.

En conjunto, los indicadores muestran una economía que continúa transitando una etapa de estabilización, con inflación en descenso, salarios reales que comienzan a recuperar terreno y un dólar que mantiene una trayectoria previsible. Dentro del agro, la divergencia entre actividades se vuelve cada vez más evidente: la soja fortalece su posición relativa, el maíz sigue enfrentando un escenario desafiante y la ganadería se consolida como uno de los segmentos con mejores relaciones económicas, aunque con menor volumen de actividad. Un panorama que obliga a mirar cada cadena productiva de manera individual para comprender los verdaderos ganadores y perdedores del actual contexto económico.

Mirá el informe completo.