En tiempos donde “lo viejo funciona”, el vermouth vuelve a escena de la mano de una nueva generación que busca reconectar con lo simple: compartir. Desde Junín, Cartu Vermouth nace como un proyecto entre amigos que combina tradición, experimentación y comunidad, transformando una bebida clásica en una excusa para frenar, encontrarse y quedarse un rato más.
Hace unos meses la serie argentina de Netflix, El Eternauta, se hizo muy famosa, y nos dejó una frase: “lo viejo funciona”. Es ahí cuando nos toca hablar del vermouth, una bebida que se vuelve a ver, escuchar, y degustar.
En esta ocasión la vuelta de este aperitivo herbal nos trae una historia en nuestra ciudad de la mano de dos jóvenes, Lucas Kiernan y Santiago Nuñez. Ellos tuvieron la intención de no solo hacer un vermouth, sino construirlo con la idea de crear momentos para compartir entre amigos, dejando un poco el celular y la vorágine diaria de lado.

Todo empezó como empiezan muchas cosas: entre amigos, con una idea y sin saber muy bien hasta dónde podía llegar.
Lucas tiene 23 años, es de Junín y es uno de los creadores de Cartu Vermouth. Pero antes que productor, es parte de una generación que busca algo más que solo “salir a tomar algo”.
“CARTU nace como una forma de emprender con un amigo. A los dos nos gusta emprender y encontramos la forma de compartir algo que nos une”, cuenta.
Ese “algo” no fue casual: el vermouth.
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Una bebida que vuelve
Durante mucho tiempo, el vermouth estuvo asociado a otra generación. A una mesa más tranquila, a otros ritmos. Pero hoy algo cambió.
“Como todo, vuelve. Pasó con el Amargo Obrero, que es viejísimo, y hoy está otra vez vigente. Cuando lo probás, ves que es rico y entendés que hay distintas formas de tomarlo, entra”, explica Lucas.
En ciudades como Rosario o Buenos Aires, el fenómeno ya es claro. Las vermuterías crecen y el consumo se instala. Y Junín no es la excepción. Cartu aparece justo en ese momento.

Qué es (y cómo se hace) un vermouth
El vermouth es, en esencia, un vino intervenido.
Está hecho a base de vino —en el caso de Cartu, Malbec— al que se le agregan botánicos, alcohol y azúcar, logrando un equilibrio entre lo amargo y lo dulce.
“La clave está en ese equilibrio. Vos lo tomás y sentís las dos cosas”, dice Lucas.
Pero hay un detalle que lo define: el ajenjo.
Si no tiene ese botánico, no es vermouth. Es otra cosa.

De una idea a una receta propia
El proceso no fue inmediato. Tampoco lineal.
Buscando y averiguando, llegaron a un productor con experiencia, un ingeniero en alimentos y juez en copas argentinas de vermouth, que terminó siendo clave en el proceso.
Juntos fueron construyendo la receta, haciendo y deshaciendo.
Compraron botánicos en dietéticas, probaron mezclas caseras, ajustaron sabores, descartaron versiones. Fueron prueba y error.
“La primera muestra era 4 o 5 puntos. La segunda ya era un 6. Y así fuimos llegando”, cuenta.
Detrás del producto hay investigación, intuición y algo más: gusto personal. Un perfil cítrico, con presencia de naranja, notas florales y un equilibrio pensado para compartir.
Emprender también es aprender
En paralelo a todo eso, Lucas estudia Derecho en la UNNOBA. Y aunque parezca lejano, en este caso fue una gran ventaja.
La parte legal —registro de marca, habilitaciones, normativas— la resolvieron ellos mismos. Con apuntes, paciencia y una computadora.
“Literalmente registramos la marca leyendo lo que había visto en la clase de marcas y patentes”, dice.
Cuando la idea se vuelve realidad
El proyecto empezó en octubre. En siete meses, ya vendieron alrededor de 450 litros.
También participaron en eventos que se desarrollaron en nuestra ciudad, donde empezaron a darse a conocer.
El primero: Vermú Divino en las Antípodas.
El segundo: Vinarte, con miles de personas probando el producto.
“Hubo un momento en que no me daban las manos. Terminaba de atender a uno y ya tenía otro encima”, recuerda Lucas, y destaca la presencia de siete amigos que lo ayudaron esa noche.

Una comunidad que se construye
Con el paso de los meses, Cartu empezó a salir de Junín y a recorrer nuevos destinos, llegando a otros paladares. El camino también los llevó a Rosario, a un evento con más de 40 productores.
Ahí mostraron su producto, pero también escucharon, aprendieron y validaron lo que estaban haciendo.
“Que alguien que organiza el evento pruebe tu vermouth y te diga que está muy bueno, te da muchas ganas de seguir”, cuenta.
Pero si hay algo que aparece constantemente, es la palabra comunidad.
Amigos que ayudan. Familia que acompaña. Gente que compra sin ser del círculo cercano.
El origen del nombre
Cartu es un nombre que tiene una historia de amistad detrás.
Nace de una palabra que surgió entre amigos: “cartucho”, una forma de cargarse entre ellos. Con el tiempo, esa palabra se convirtió en identidad.
El personaje de Cartu representa eso: el amigo colgado, el que llega tarde, el que se olvida de todo pero siempre está.
Y también refleja algo más profundo, que podemos ver reflejado en el slogan, “un vermouth para que te quedes un rato más”.
Mirar hacia adelante
Hoy, el objetivo no es masivo. Es tener un lugar. Un espacio donde alguien pueda decir: “vamos a tomar un Cartu”.
Aunque también hay sueños más grandes. Lugares nuevos, ciudades distintas, más gente conociendo el producto.
Y, sobre todo, seguir creciendo.
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Más que una bebida
En un contexto donde muchas veces se señala a las nuevas generaciones por estar distraídas o desconectadas, Cartu propone lo contrario.
Frenar. Compartir. Estar. Escuchar.
“Es ese momento de sentarte, dejar todo de lado, tomar algo y charlar un rato”, explica Lucas.
El vermouth aparece como excusa. Un generador de momentos.
Si tuviera que definir qué es Cartu, Lucas no habla primero del producto.
Habla de amistad; habla de proceso; habla de ganas.
“Es algo que me acompaña. Es pensar cómo dar un paso más, cómo crecer, cómo seguir”, resume.
Tal vez el vermouth sea solo una excusa para estar con otro, una invitación para mirarnos a los ojos, compartir una charla amena o, por qué no, un poco de silencio.
Por Juani Alaise.










