La soja y el maíz atraviesan un momento favorable por la recuperación de las cotizaciones internacionales, mientras que varias relaciones insumo-producto muestran una mejora respecto de un año atrás. Sin embargo, el costo del combustible continúa siendo uno de los principales factores de presión para los productores.
El mercado agrícola transita semanas de renovado optimismo impulsado por una recuperación de los precios internacionales de los granos y por una mejora en varias de las relaciones insumo-producto que siguen de cerca los productores a la hora de planificar la campaña. Existe un escenario favorable para soja, maíz, girasol y sorgo, aunque con algunos costos que continúan erosionando la rentabilidad.
La soja volvió a posicionarse como uno de los cultivos más destacados del momento. Durante el último mes, la oleaginosa registró una suba del 3,7% y alcanzó los 370 dólares por tonelada, impulsada por el aumento del precio internacional del petróleo y por una demanda activa por parte de China. El disponible se ubica en torno a los 378 dólares por tonelada, mientras que los futuros de noviembre muestran valores significativamente superiores a los observados un año atrás.
Menos inflación y más actividad, en un campo que sigue mirando los costos
En paralelo, el maíz también atraviesa un contexto alcista. Los precios registraron una mejora mensual del 9,5%, impulsados por una demanda global sostenida, la incertidumbre geopolítica derivada del conflicto en Medio Oriente y el recorte en las estimaciones productivas de algunos países productores. El cereal disponible alcanzó los 200 dólares por tonelada y los contratos a futuro muestran perspectivas igualmente positivas.
La relación soja-maíz continúa además en niveles elevados. Aunque se ubicó por debajo del máximo observado en agosto, todavía permanece por encima del promedio de los últimos doce meses, un dato que suele ser observado atentamente por los productores al momento de definir esquemas de rotación y decisiones de siembra.
Desde el punto de vista productivo, la campaña agrícola también presenta señales alentadoras. La cosecha de soja se mantiene estimada en 50,1 millones de toneladas, un volumen que supera en un 20% al ciclo anterior y en un 32% al promedio de los últimos cinco años. Además, las primeras proyecciones para la próxima campaña indican una expansión del área sembrada hasta alcanzar las 17 millones de hectáreas.
En el caso del maíz, la producción se sostiene en 64 millones de toneladas, mientras avanza la implantación de la campaña 2026/27. A nivel mundial, la oferta global del cereal continúa creciendo y podría alcanzar las 442,4 millones de toneladas, consolidando un escenario de abundante disponibilidad aunque con precios sostenidos por la fuerte demanda internacional.
Las relaciones insumo-producto
Uno de los capítulos más observados por el productor es el referido al poder de compra de los granos respecto de los principales insumos y bienes de capital. Allí aparecen algunas de las noticias más positivas.
En soja, la posibilidad de adquirir maquinaria mejoró de forma significativa durante el último año. Comprar una cosechadora requiere actualmente un 14,1% menos de toneladas que doce meses atrás, mientras que para acceder a una pick-up se necesitan un 11,7% menos de toneladas de soja.
No ocurre lo mismo con algunos costos operativos. El glifosato demanda hoy un 14% más de kilos de soja que hace un año y el gasoil muestra un deterioro aún mayor, con una pérdida del poder de compra del 33,2% en términos interanuales. También el flete presenta una relación menos favorable respecto de la registrada en agosto de 2025.
En maíz se observa una situación similar. Las relaciones frente a la semilla, la urea y la cosechadora mejoraron respecto del año pasado. El productor necesita menos grano para adquirir cada uno de esos insumos, reflejando una recuperación relativa de los márgenes agrícolas.
Sin embargo, el combustible continúa siendo el principal punto de preocupación. La relación maíz-gasoil atraviesa un período crítico y se ubica entre los peores registros de toda la serie analizada, con una pérdida interanual del poder de compra cercana al 47%. También el costo del transporte permanece por encima de los valores promedio de los últimos doce meses.
Girasol y sorgo, con señales mixtas
En girasol, la incertidumbre internacional vinculada al comercio proveniente de la región del Mar Negro mantiene cautela entre los operadores. No obstante, el cultivo muestra algunas relaciones insumo-producto muy favorables. La relación con la urea mejoró un 28% respecto del año anterior y se encuentra incluso por debajo del promedio de los últimos cinco años. También se registra una mejora frente al glifosato, mientras que el vínculo con el gasoil continúa mostrando un deterioro interanual.
Por su parte, el sorgo exhibe una recuperación moderada de precios. El valor disponible ronda los 189 dólares por tonelada y acumula dos meses consecutivos de mejora. Sin embargo, el productor necesita cada vez más kilos para afrontar gastos en glifosato y combustible, lo que refleja un deterioro de su capacidad de compra en esos rubros. La relación con la urea, en cambio, sigue siendo favorable cuando se la compara con los niveles de un año atrás.
En síntesis, el escenario agrícola combina precios internacionales más firmes, perspectivas productivas positivas y una mejora en varias relaciones insumo-producto vinculadas a fertilizantes, semillas y maquinaria. El principal desafío continúa siendo el incremento de los costos logísticos y energéticos, especialmente el gasoil, que sigue reduciendo parte de los beneficios generados por la recuperación de los mercados de granos.










