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Cuando el campo cambia, las comunidades sienten el impacto

Durante más de tres décadas, el agro argentino atravesó un proceso de concentración productiva que redujo la cantidad de explotaciones. En el partido de Trenque Lauquen, estos cambios estructurales dejaron huellas en la vida social rural. Frente a ese escenario, una red de comunidades del noroeste bonaerense emerge como experiencia colectiva para reconstruir vínculos, fortalecer la organización local y pensar nuevas formas de habitar la ruralidad.

Las transformaciones del sector agropecuario argentino no solo se miden en hectáreas, rindes o escalas productivas. También se expresan en la vida cotidiana de los pueblos rurales, en la pérdida de habitantes, en escuelas que cierran, en instituciones que se debilitan y en la salida de productores familiares que durante generaciones dieron forma al entramado social del territorio.

Según se desprende de la memoria técnica elaborada por la Estación Experimental Agropecuaria de General Villegas del INTA, a partir del análisis de los Censos Nacionales Agropecuarios (CNA), en las últimas décadas se consolidó un proceso sostenido de cambios estructurales a nivel nacional y provincial: menos explotaciones agropecuarias (EAP), unidades productivas cada vez más grandes y una creciente concentración de la tierra. En la provincia de Buenos Aires, el número de EAP se redujo más de un 40% en las últimas tres décadas.

El partido de Trenque Lauquen no fue ajeno a esta dinámica. Por el contrario, los registros censales analizados en dicha memoria técnica del INTA muestran que entre 1988 y 2018 la cantidad de explotaciones cayó de 822 a 441, una disminución del 46%, en línea —e incluso por encima— de la media provincial. Al mismo tiempo, la superficie media por explotación aumentó de manera sostenida, reflejando un proceso de consolidación de unidades medianas y grandes y una pérdida de las explotaciones más pequeñas.

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Este reordenamiento productivo tuvo consecuencias que exceden lo económico. La disminución de la tenencia de la tierra por propiedad y el aumento de la superficie arrendada modificaron los vínculos entre productores y territorio, debilitando el arraigo y profundizando procesos de migración rural-urbana. La salida de productores familiares, presionados por márgenes cada vez más ajustados, mayores exigencias tecnológicas y cambios en las formas de producción, impactó en la sustentabilidad del entramado agrario tradicional.

Desde una mirada social, estos cambios explican en gran medida el despoblamiento rural que atraviesa buena parte del noroeste de la provincia de Buenos Aires. La pérdida de población no solo implica menos habitantes, sino también una reducción de la capacidad de organización comunitaria, de la vida institucional y de la posibilidad de pensar proyectos colectivos a largo plazo. En muchas localidades, las iniciativas de desarrollo se dieron de forma aislada, sin articulación ni participación activa de los actores locales.

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Desde marzo de 2024, distintas instituciones comenzaron a trabajar de manera conjunta en el Proyecto Local “Red de comunidades rurales del noroeste de la provincia de Buenos Aires”, impulsado por las Agencias de Extensión de la EEA General Villegas, la Oficina de Información Técnica Carlos Casares, la Universidad Nacional del Sur y con la participación activa de referentes locales.

El proyecto involucra a las comunidades de Magdala, Bellocq, Bayauca, Santa Eleodora, Beruti, Lértora, Girodias y Victorino de la Plaza, con el objetivo de contribuir a la innovación territorial y al desarrollo rural a través del trabajo en red entre instituciones públicas, privadas y actores de la sociedad civil.

La propuesta se apoyó en una metodología participativa, comenzando por la conformación y capacitación de equipos de trabajo locales. En cada localidad se presentó el proyecto, se realizó un diagnóstico participativo y se relevaron datos sociohabitacionales mediante encuestas a nivel de hogares. Los resultados fueron analizados y devueltos a las propias comunidades, promoviendo la reflexión colectiva y la construcción de consensos.

A partir de estos encuentros, se fortalecieron los lazos entre los actores locales y se generaron intercambios entre comunidades que, hasta entonces, compartían problemáticas similares pero escasos espacios de articulación.

Las conclusiones de esta experiencia muestran que, frente a procesos estructurales que tienden a concentrar la producción y vaciar el campo, el fortalecimiento del entramado socioinstitucional aparece como una herramienta clave para sostener la vida rural. Las comunidades rurales, lejos de ser un vestigio del pasado, se presentan como una oportunidad para revalorizar recursos locales, promover capacitaciones, mejorar la comunicación y generar proyectos comunitarios que habiliten otras maneras de vivir y producir en el territorio.

Así, el caso de Trenque Lauquen y la red de comunidades del noroeste bonaerense permiten leer, en clave social, los efectos de un modelo productivo en transformación y, al mismo tiempo, visibilizar experiencias que apuestan a reconstruir vínculos, identidad y futuro en el mundo rural.