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Charly Arregui: y el desafío de continuar el legado de Junín Aragón

Cuando Carlos Arregui habla de Junín Aragón, inevitablemente termina hablando de su padre. Y de José Luis Mustacchio. Porque la historia de la empresa comenzó mucho antes de que él se sumara al día a día del negocio.

Hace más de cuarenta años, dos hijos de empleados ferroviarios empezaron a construir un proyecto que con el tiempo se transformaría en una de las empresas más reconocidas de la ciudad. Hoy, mientras la compañía atraviesa un cambio generacional, es Carlos Arregui hijo —o simplemente Charly, como lo conocen quienes lo rodean— quien tiene la responsabilidad de continuar ese camino.

Los comienzos de una empresa familiar

Cuando Charly habla de Junín Aragón, inevitablemente vuelve al origen. Aquellos primeros años en los que su padre y José Luis Mustaquio comenzaron a desarrollar un negocio vinculado a la higiene institucional, recorriendo kilómetros para abastecerse de mercadería y construir una cartera de clientes.

Cuando Charly habla de Junín Aragón, inevitablemente vuelve al origen. Aquellos primeros años en los que su padre y José Luis Mustaquio comenzaron a desarrollar un negocio vinculado a la higiene institucional.

Viajaban todos los días a Buenos Aires. Iban, compraban, vendían y repartían ellos mismos. Con el tiempo llegaron los vendedores, la expansión y la apertura de la primera perfumería sobre calle Hipólito Yrigoyen. Después vendrían nuevos locales, nuevos desafíos y una estructura cada vez más profesionalizada.

Hoy la empresa cuenta con cuatro perfumerías, una distribuidora de higiene institucional con cobertura regional y cerca de cuarenta colaboradores. Pero para Charly, más allá del crecimiento, hay algo que siempre permaneció intacto.

Lo que aprendió mirando a los fundadores

Cuando se le pregunta qué recuerda de aquellos años, la respuesta no tiene que ver con balances ni estrategias comerciales.

“Lo que observé fue una cultura de trabajo total, de sacrificio. Siempre dos personas muy humanas, tratando de estar cerca de los empleados y tender una mano al que lo necesitaba”, recuerda.

Esa cercanía es algo que todavía identifica a la empresa. De hecho, habla con admiración de colaboradores que llevan décadas formando parte de Junín Aragón y de vínculos que, con el tiempo, trascendieron la relación laboral para convertirse en relaciones de amistad.

“Hace poco uno de los vendedores cumplió 30 años en la empresa. La verdad que es un orgullo bárbaro”, cuenta.

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Tomar la posta

Hace aproximadamente seis años que Charly comenzó a involucrarse de lleno en la conducción de la empresa. La mayoría de las personas con las que trabaja estaban allí mucho antes de que él llegara a ocupar un rol de liderazgo.

Por eso, una de sus principales tareas ha sido encontrar un equilibrio entre respetar una cultura construida durante décadas y aportar una mirada nueva.

“Uno tiene que adaptarse a la cultura organizacional sin dejar de querer ponerle una impronta, quizás de alguien joven con nuevas ideas”, explica.

Esa búsqueda se traduce en proyectos concretos. La incorporación de nuevas tecnologías, la digitalización de procesos, el desarrollo del comercio electrónico y el interés por explorar herramientas de inteligencia artificial forman parte de una etapa donde los cambios ocurren cada vez más rápido.

“Hoy veo que los desafíos son constantes y que todos tenemos cierta resistencia al cambio. Entonces trabajamos acompañando a cada persona en su puesto para adaptarnos a esos nuevos procesos”, señala.

La reciente puesta en marcha del e-commerce de Aragón Perfumerías es uno de los ejemplos más visibles de esa transformación.

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Una empresa que también es comunidad

Más allá de la actividad comercial, hay otro aspecto que entusiasma especialmente a Charly: el vínculo con la comunidad.

Durante la entrevista recuerda especialmente la experiencia realizada junto a la UNNOBA, donde un estudiante de Ingeniería Industrial realizó sus prácticas profesionales supervisadas y semanas después obtuvo su título universitario. También destaca distintas iniciativas impulsadas junto a instituciones de la ciudad y programas culturales que buscan generar un impacto positivo en la comunidad.

Para él, el crecimiento de una empresa también implica involucrarse con el lugar donde desarrolla su actividad.

Y quizás esa mirada tenga relación con algo que para él representa una responsabilidad adicional: el nombre de la empresa.

Porque Junín Aragón no es solamente el nombre del negocio. También lleva el nombre de la ciudad.

“Para mí eso siempre es un orgullo total y hasta una responsabilidad para hacer las cosas mejor y dejar el nombre de Junín en lo más alto”, afirma.

Un proyecto que siempre estuvo ahí

La historia de Charly con Junín Aragón tenía un hilo rojo difícil de romper. Creció prácticamente dentro del negocio, viendo a su padre y a José Luis construir la empresa día a día. Aunque se fue a estudiar a Buenos Aires y trabajó en otras compañías, siempre tuvo claro que, tarde o temprano, iba a regresar.

“Siempre tuve presente que iba a venir a trabajar a Junín Aragón”, cuenta.

 

Hoy le toca liderar una nueva etapa. Una etapa atravesada por la tecnología, los cambios de consumo y la profesionalización constante de los procesos. Pero también una etapa donde busca conservar aquello que aprendió viendo trabajar a quienes empezaron todo.

Cuando piensa en el futuro, incluso imagina que algún día le tocará vivir el mismo proceso que atraviesa hoy.

“Probablemente también sea la empresa en la que siga trabajando durante toda mi vida, hasta tener que hacer yo también un cambio generacional”.

Después de más de cuarenta años, Junín Aragón sigue creciendo. Y ahora es Charly quien tomó la posta y está escribiendo el próximo capítulo de una historia que comenzó mucho antes que él.

Por Juani Alaise.