Hay profesiones que trabajan el cuerpo, otras la mente. Y después están esas personas que, sin proponérselo, terminan ocupando un lugar difícil de explicar.
Sergio “Checho” Malizia es kinesiólogo, coordinador de Marathon, parte del cuerpo médico de Sarmiento y una de esas caras que Junín reconoce rápido. No solo por los años, sino por algo mucho más simple: la sonrisa.
En un lugar donde muchas veces la gente llega con dolor, frustración, incertidumbre o miedo, él eligió otra forma de estar. “Trato de ser amable, de escuchar y de llegarle a la gente, siempre poniéndole ganas, poniéndole el pecho y tratando de hacerlo mejor por ellos”, cuenta.

Los extremos que enseñan
Su día puede arrancar con un jugador de Reserva y terminar con una persona mayor atravesando una dificultad física. Son dos mundos distintos, con ritmos y realidades diferentes, pero para Checho ambos tienen algo en común: enseñan. “Siempre digo que el paciente me enseña a vivir. El adulto mayor es sabio y la persona que atraviesa una enfermedad también te deja algo”, explica. Del otro lado aparecen los deportistas, los chicos de inferiores, los jugadores profesionales, los que viven desde la exigencia y el rendimiento. “Los dos extremos me enseñan a vivir”, resume.

Aunque su trabajo está ligado al movimiento y a la recuperación física, sabe que hay algo igual de importante: el trato. Porque detrás de cada lesión hay una historia y detrás de cada consulta existe una preocupación. “Sin duda, la afinidad, el tratar de llegarle, el ponerse en el lugar del otro, considero lo más importante”, dice. Y tal vez ahí esté parte de su reconocimiento en la ciudad: en la pasión, el cariño y la forma que tiene de acompañar.
El crecimiento de Marathon
La historia de Marathon también está profundamente ligada a la de Sarmiento. Hace treinta años, cuando Sergio llegó al club, el escenario era muy distinto al actual. No había gimnasio, no existían consultorios y el espacio donde hoy funciona Marathon era una cancha de pádel. Con el tiempo apareció una idea, después un proyecto y más tarde un gimnasio. Así nació Marathon.
Primero fue solo un gimnasio. Luego llegó la kinesiología. Más tarde se sumaron nutrición, medicina, psicología, fonoaudiología y distintas áreas que terminaron convirtiendo el lugar en un centro integral de salud. Hoy Marathon tiene distintas sedes y continúa creciendo, pero cuando habla de ese recorrido Checho evita ponerse en el centro.
La salud como trabajo en equipo
Hay una frase que repite varias veces durante la charla: “Marathon lo hicieron los profesionales que pasaron por acá”. Y no parece una frase hecha. Durante toda la entrevista aparece una palabra que vuelve una y otra vez: interdisciplina. Explica que aprendió de nutricionistas, médicos, psicólogos, profesores, trabajadoras sociales y de quienes cumplen tareas administrativas. Marathon, según su mirada, se construyó desde el trabajo compartido.
La Casa del Celíaco: una historia de resiliencia e innovación
Esa mirada colectiva también terminó moldeando su manera de entender la salud. Hay otra frase que resume gran parte de su filosofía: “No curamos a nadie. Nosotros facilitamos. El que se cura es el paciente”. La idea parece simple, pero detrás hay toda una forma de ver la profesión. Para Checho el profesional acompaña, orienta y construye herramientas, pero el proceso siempre pertenece a quien lo atraviesa. Por eso disfruta cuando alguien vuelve mejor. No porque sienta que ganó algo, sino porque pudo ayudar.

Treinta años junto a Sarmiento
Paralelamente, su historia quedó inevitablemente unida al club. Son treinta años de concentraciones, viajes, campeonatos y transformaciones. Recuerda aquellas épocas donde el plantel viajaba el mismo día del partido, comía en el camino y volvía en colectivo. Habla de Tatú, de Cuchara, de los años compartidos y de un fútbol mucho más artesanal que el actual.
“Hoy el club es enorme”, dice con orgullo. Habla de estructura, de profesionales, de crecimiento y de una mirada cada vez más integral sobre la salud. Después de tres décadas, todavía se sorprende cuando hace la cuenta. Sergio fue viendo crecer al club mientras también crecía su propio proyecto.
Cartu Vermouth: dos amigos sin apuro que buscan quedarse un rato más
Marathon, una vida entera
Cuando llega el momento de hablar de Marathon desde un lugar más personal, la respuesta cambia de tono. “Marathon es mi vida”, dice. Y enseguida aparecen la familia, su hijo Nicolás trabajando allí, los años compartidos y las historias que fueron quedando en el camino. Recuerda incluso un ascenso de Sarmiento, cuando el colectivo llegaba y a su hijo, todavía chico, lo pasaban por la ventana para subirlo y festejar con todos.
“Cuando arrancó Marathon yo no tenía familia. Marathon me formó”, cuenta. Pero incluso ahí vuelve a hacer algo que repitió durante toda la entrevista: correr el foco y hablar de otros. De los profesionales, del equipo y de quienes estuvieron desde el inicio.
Puede que ahí esté el secreto de Sergio Malizia: ponerse en el lugar del otro, confiar en el equipo que lo rodea y tener siempre una sonrisa a mano para acompañar cada desafío que llega a Marathon.
Por Juani Alaise.










