Tomás Marenzana encontró en la música una manera de conectar con las personas en uno de los momentos en que más alejadas estaban unas de otras. Fue durante la pandemia, encerrado en su casa y con mucho tiempo libre, cuando empezó a experimentar con un mixer que tenía su papá, quien también había sido DJ.
Miraba videos en YouTube, observaba a otros DJs, intentaba entender qué hacían y después probaba por su cuenta. Una y otra vez. Sin demasiadas pretensiones y aprendiendo prácticamente solo, empezó a descubrir un mundo que rápidamente lo atrapó.
Cuando terminó la pandemia llegó la primera oportunidad para comprobar qué pasaba con todo aquello que había aprendido dentro de su habitación. Un amigo lo invitó a pasar música en un cumpleaños de 15. “Me encantó conectar con la gente con lo que había aprendido en mi casa. Ahí dije: es por acá”.

Ese cumpleaños fue el comienzo de un camino que, en pocos años, lo llevó desde los eventos sociales en Junín hasta cabinas de capital que tiempo atrás miraba a través de una pantalla.
De una habitación a miles de personas
Antes de tocar frente a una pista llena, Tomás tuvo su primer público en las redes sociales.
Durante la pandemia decidió empezar a grabarse. El escenario era completamente casero: una mesa, su equipo y una tela negra colgada detrás para ocultar el resto de la habitación. “Me grababa en mi cuarto. Ponía una cortina atrás para que no se viera el quilombo”.
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En ese momento estaba en auge el techengue, un género que mezclaba canciones de cachengue con versiones electrónicas. Tomás grabó algunos sets y comenzó a publicarlos. El tercero tuvo un alcance que jamás había imaginado. “Se pegó y hoy creo que tiene dos millones de visualizaciones. Una locura.”
El video estaba grabado con un celular y una luz sencilla, pero empezó a circular. Llegaron comentarios, nuevas personas comenzaron a conocerlo y también aparecieron oportunidades para tocar fuera de Junín, entre ellas fechas en Concordia y Santa Fe.

Para alguien que había empezado experimentando solo dentro de su cuarto, entender que esa música había llegado a millones de personas resultaba difícil de dimensionar.
La primera noche
Después de la pandemia llegó aquel cumpleaños de 15 y, junto con su papá, decidieron dar un paso más. Compraron dos parlantes, algunas luces y comenzaron a ofrecer música para eventos sociales.
Llegaron a realizar cuatro o cinco eventos por mes. Pero Tomás tenía otra meta.
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Desde que miraba DJs por YouTube se imaginaba algún día frente a una pista de dos o tres mil personas. Con el tiempo comenzaron a aparecer las primeras propuestas de boliches y aceptó sin dudarlo. Su debut fue, justamente, ante una multitud.
“Mi primera noche de boliche habrá sido con dos mil o tres mil personas. Fue una locura, mucho para arrancar. Tenía un cagazo bárbaro.”
No sabía exactamente cómo había salido. Tampoco tenía demasiada experiencia para medirlo. Pero observó a la gente, vio cómo respondía a las canciones y volvió a sentir lo mismo que en aquel primer cumpleaños. Era por ahí.
Aprender a escuchar una pista
Gran parte del trabajo de un DJ consiste en mirar y estar atento. Observar qué canta la gente, cuándo levanta las manos, qué género genera una respuesta y cuándo es momento de cambiar de dirección.
Puede llegar a una fecha con una carpeta de canciones preparada, pero evita construir una noche completamente cerrada de antemano.

“Prefiero ir jugando con la gente. Si preparé veinte temas de reggaetón y veo que no les gusta, salgo por otro lado. Hay que salir un poco de lo que le gusta a uno y escuchar a la gente.”
Y esa lectura cambia en cada lugar.
No es igual tocar en Junín que en un pueblo de la zona o en Buenos Aires. Tampoco es igual una fiesta con jóvenes de 18 años que otra donde conviven distintas generaciones. Cada lugar tiene sus propios códigos y parte del desafío consiste en entenderlos.
Detrás de esa improvisación también existe preparación. “La noche arranca en la semana”, explica.

Durante los días previos busca canciones, selecciona música, analiza el tipo de evento y piensa qué puede funcionar. Para Tomi, las cuatro o cinco horas detrás de la cabina son apenas la parte visible de un trabajo que empezó varios días antes.
El camino que también empezó su papá
La música tiene además un vínculo familiar. El mixer con el que comenzó a experimentar durante la pandemia pertenecía a su papá, que también fue DJ y durante años estuvo relacionado con ese mundo.
Cuando Tomás decidió avanzar, él fue una de las primeras personas en acompañarlo. “Me mostró un poco el mundo y cómo encaminarme en este rubro.”
Juntos compraron aquellos primeros parlantes y luces y empezaron a trabajar en eventos sociales. Con el tiempo, tanto su papá como su mamá continuaron acompañándolo a distintas fechas.
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También observa cómo cambió el oficio entre la generación de su padre y la suya. Antes había CDs con una cantidad limitada de canciones y siempre existía el riesgo de que se rayaran en plena noche. Hoy un pendrive permite transportar miles de temas.
Pero también apareció otro escenario: las redes sociales. “Hoy quizás no gana el que mejor pasa música, sino el que mejor maneja las redes también.” Él mismo es una prueba de cuánto puede cambiar una carrera a partir de una pantalla.

De mirar Buenos Aires a tocar en Buenos Aires
Cuando empezó, una de sus grandes metas era llegar a Capital.
Miraba videos de fiestas y DJs tocando frente a miles de personas e imaginaba cómo sería estar alguna vez de ese lado de la cabina.
La oportunidad llegó mucho antes de lo esperado. Tocó en Wasabi Fest, una reconocida fiesta de reggaetón, en Groove, Palermo. Después llegó Bali, en Costanera.
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“Pensar que arranqué en mi casa grabándome con una cortina atrás y después estar tocando en un boliche que siempre soñé es una locura.”
En apenas dos años tocando en boliches consiguió cumplir objetivos que había pensado para mucho más adelante. Y una de esas noches en Buenos Aires también le dejó una enseñanza que nunca olvidó.
La primera vez que tocó en Bali preparó cuidadosamente su pendrive. Como precaución, decidió llevar otro. Cuando puso la primera canción todo funcionó normalmente. Al intentar cargar la segunda, el pendrive dejó de responder y desaparecieron todas las carpetas.

Tenía por delante dos horas de música y, de repente, no tenía canciones. El segundo pendrive lo salvó.
“Nunca más llevo uno solo. Me voy de vacaciones con los pendrives, voy a la casa de un amigo con un pendrive. Donde haya un lugar para pasar música, voy a estar.”
La otra cara de la noche
Mientras quienes salen a un boliche llegan, bailan unas horas y vuelven a sus casas, para el DJ la noche funciona de otra manera. Y también tiene sacrificios. Cumpleaños de amigos, Navidad, Año Nuevo y otras fechas especiales suelen coincidir con los momentos de mayor trabajo.
“Te perdés muchas fechas importantes. Es complicado.” Es la parte menos visible de una actividad que desde afuera muchas veces parece limitarse a subir a una cabina durante algunas horas.
Pero cuando se le pregunta por lo más lindo, la respuesta aparece rápido. La gente.
Ver una pista cantando, recibir un gesto desde abajo o que alguien se acerque al terminar para felicitarlo por la música. “Que vengan y te reconozcan tu laburo está muy bueno.”

Conectar a través de la música
Tomás todavía está empezando a producir sus propios mashups y versiones. Sigue buscando música, aprendiendo y pensando nuevas maneras de diferenciarse.
También mantiene los objetivos que tenía cuando todo empezó, aunque algunos llegaron antes de lo previsto. Quiere continuar tocando en Buenos Aires, conocer nuevas provincias y recorrer el país con su música.
Para Tomás, la música es una forma de comunicarse. “Me hace muy feliz tocar para la gente. Saber que podés hacer feliz por un rato a alguien que tiene un montón de mambos en la vida o en el trabajo, que puede salir, divertirse y desconectarse un poco de ese mundo”.
Es casi poético pensar en dónde comenzó todo. En plena pandemia, cuando las personas estaban encerradas y encontrarse parecía imposible, Tomás empezó a aprender un oficio que años después definiría de una manera muy simple:
“Me pone muy contento poder conectar a la gente a través de la música.”









