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Uriel Echeverría: el desafío de animarse a hacer

A los diez años ya elegía su propia ropa. Mientras la mayoría de los chicos iba de compras con sus padres y aceptaba lo que le ponían, él recorría los locales de Junín buscando prendas que sintiera propias.

Unos años más tarde empezó a pintar y cortar sus jeans para tener algo distinto. Algunos lo miraban raro. Otros le decían que tenía personalidad. Sin saberlo, mucho antes de crear una marca de ropa, Uriel Echavarría ya estaba construyendo la identidad que años después daría vida a Ethics.

Hoy tiene 23 años, vive en Buenos Aires, está terminando la carrera de Abogacía y dirige una marca que nació de una pasión personal, pero que con el tiempo se transformó en un proyecto mucho más grande. Sin embargo, cuando mira para atrás, encuentra una constante que atravesó cada etapa de su historia: animarse a hacer, incluso cuando no sabía cómo.

Una pasión que empezó en casa

Si hay alguien que aparece una y otra vez cuando Uriel recuerda sus primeros años es su mamá. Fue ella quien le transmitió el gusto por la ropa, el cuidado por los detalles y la libertad para elegir cómo quería vestirse. Recuerda los viajes juntos a Rosario, las tardes recorriendo shoppings y, sobre todo, algo que para él terminó siendo fundamental: nunca le dijo qué podía ponerse y qué no. Siempre lo dejó experimentar, elegir y construir su propio estilo. Esa libertad fue moldeando una personalidad que todavía hoy atraviesa a Ethics.

Antes de que existiera Ethics hubo un primer intento. Se llamaba Arche. Compraba telas junto a su mamá en Once, llevaba moldes a una modista y producía pequeñas cantidades de buzos que vendía entre conocidos. No existía una identidad de marca como la actual, pero sí una certeza: quería dedicar parte de su vida a crear ropa. “Mi sueño es ser abogado y tener una marca de ropa”, cuenta. Hoy gran parte de su tiempo está puesto en Ethics, aunque terminar la carrera sigue siendo uno de sus grandes objetivos.

Aprender haciendo

Uriel suele repetir una idea durante toda la charla. Dice que lo más difícil de cualquier proyecto no es saber. Es animarse a empezar.

Cuando creó Ethics no tenía experiencia en producción textil, tampoco familiares vinculados al rubro ni alguien que le enseñara el camino. Entró en un mundo completamente desconocido y entendió rápidamente que la única forma de crecer era aprendiendo sobre la marcha. “Lo primero y lo más difícil de esto es hacer”, resume.

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Ese aprendizaje estuvo lleno de errores. Al principio tercerizaba toda la producción y recibía las prendas terminadas sin entender demasiado qué ocurría durante el proceso. Hasta que un día llevó uno de sus primeros buzos para mostrárselo a su abuela, que había sido costurera toda la vida. Mientras él festejaba el resultado, ella empezó a señalarle costuras mal hechas, deformaciones y errores que él ni siquiera era capaz de identificar. Fue un golpe de realidad.

A partir de ese momento decidió meterse de lleno en el proceso. Hizo cursos de producción de moda, recorrió talleres, aprendió sobre moldería, serigrafía, corte y confección. Entendió cómo se construía una prenda desde el primer paso y descubrió que solamente conociendo cada etapa iba a poder delegar con criterio. “Para poder delegar, primero tenés que aprender qué estás delegando”, explica. Todavía hoy considera que ese fue uno de los consejos más importantes que recibió.

“Mi sueño es ser abogado y tener una marca de ropa”, cuenta.

Una marca con actitud

Cuando habla de Ethics, Uriel casi nunca empieza describiendo una prenda. Prefiere hablar de libertad, de actitud y de personas que hacen lo que sienten sin estar pendientes de la mirada ajena. Por eso, durante el primer año de la marca decidió dedicar mucho más tiempo a construir una identidad que a sacar grandes cantidades de ropa. Quería que la gente pudiera reconocer a Ethics por lo que transmitía antes que por cualquier otra cosa.

“Yo siempre voy al frente con lo que me gusta. Mientras no le haga mal a nadie, hago lo que siento”, asegura.

Esa filosofía también atraviesa su vida personal. Cree que la aceptación no se busca, sino que aparece cuando uno actúa con autenticidad y se rodea de personas que comparten esa manera de ver las cosas. Para él, la actitud no tiene que ver con llamar la atención, sino con animarse a ser uno mismo.

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El día que se animó a golpear una puerta

Si hubiera que elegir un momento que resume su forma de encarar los desafíos, probablemente sea el que vivió con la Tincho Fierro.

Consiguió el contacto de los organizadores, pidió una reunión y llegó con una idea clara: quería hacer un desfile de Ethics dentro de una de las fiestas más reconocidas de Buenos Aires. No conocía a nadie, nunca había organizado un evento de esa magnitud y, aun así, decidió intentarlo.

La propuesta gustó y le dieron una fecha.

“Yo siempre voy al frente con lo que me gusta. Mientras no le haga mal a nadie, hago lo que siento”, asegura.

Cuando salió de la reunión, la emoción dio paso a otra sensación. “¿Y ahora qué hago?”, recuerda entre risas. Tenía poco más de un mes para organizar el evento más importante de su vida. No tenía la colección terminada, debía coordinar modelos, visuales, pantallas, escenografía y una enorme cantidad de detalles que nunca antes había enfrentado.

Hubo días en los que pensó seriamente en bajarse. Sin embargo, siguió adelante. El desfile reunió a más de un centenar de personas y terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más importantes de la historia de la marca. Mirando hacia atrás, reconoce que probablemente haya sido un desafío desproporcionado para alguien que todavía trabajaba prácticamente solo, pero también entiende que esas experiencias son las que terminan haciendo crecer cualquier proyecto.

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La importancia de las personas

Aunque gran parte de la conversación gira alrededor del trabajo y el crecimiento de Ethics, hay algo que aparece constantemente: las personas. Habla de sus amigos como quienes sostuvieron cada una de sus locuras desde el primer día. De Tadeo, el primer socio de la marca, como alguien que le enseñó a pensar el emprendimiento desde otro lugar y que estuvo exactamente el tiempo que tenía que estar. De Gonza, su actual socio, con quien hoy comparte la marca y la vida cotidiana en Buenos Aires.

Y vuelve, una vez más, a su mamá.

“La persona que me impulsa, la que me banca cuando estoy estresado, cuando estoy enojado y la que siempre está”, dice.

Para Uriel, ningún proyecto se construye solo.

Hacer antes que esperar

Ethics nació hace poco más de dos años. En ese tiempo lanzó más de diez colecciones, organizó eventos en Junín y Buenos Aires, desarrolló una identidad propia y encontró una comunidad que acompaña cada lanzamiento. Sin embargo, cuando habla del futuro vuelve una y otra vez al mismo concepto con el que empezó la charla: hacer.

Entiende que las respuestas aparecen caminando y que ningún proyecto se construye esperando el momento perfecto. Quizás esa sea la mayor enseñanza de su historia. La de un chico de Junín que empezó pintando sus propios jeans para sentirse distinto y que, algunos años después, convirtió esa necesidad de expresarse en una marca con identidad propia.

Al final, Ethics terminó reflejando exactamente lo mismo que Uriel intenta aplicar todos los días de su vida: animarse a hacer.

Por Juani Alaise.