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Gonzalo Simón: plantar base en Junín

La historia de Gonzalo es la de un porteño que recorrió distintos puntos del país ofreciendo sus servicios de órtesis plantares y trabajando junto a clubes de fútbol de todas las categorías.

Todo empezó con una llamada telefónica. Corrían los años en los que Sarmiento buscaba el ascenso a Primera División cuando Gonzalo Simón decidió contactar al club para ofrecerle sus servicios. La idea inicial era sencilla: viajar a Junín cada quince días para atender jugadores y realizar evaluaciones. Lo que parecía una visita ocasional terminó convirtiéndose en un cambio de vida. Aquellos viajes fueron cada vez más frecuentes, comenzaron a sumarse pacientes particulares y, con el tiempo, Gonzalo dejó Buenos Aires para instalarse definitivamente en la ciudad.

“Hasta el día de hoy que vivimos acá”, resume.

Para Gonzalo, detrás de cada consulta hay una persona que busca una solución, una respuesta o simplemente alguien que la escuche.

Del consultorio a las canchas

Gonzalo es técnico en órtesis y prótesis, aunque gran parte de su trabajo está ligada a las órtesis plantares, más conocidas como plantillas a medida. A lo largo de los años se especializó en evaluar deportistas y personas con distintas patologías o molestias, diseñando soluciones específicas para cada caso.

Su trabajo consiste en observar detalles que muchas veces pasan desapercibidos: la forma de caminar, la actividad que realiza cada persona, antecedentes de lesiones, dolores o limitaciones. A partir de esa evaluación desarrolla elementos personalizados que buscan mejorar la calidad de vida, prevenir lesiones o acompañar tratamientos.

Maradona fue uno de sus pacientes.

Cuando comenzó a trabajar por su cuenta, una de las primeras decisiones que tomó fue acercarse al mundo del deporte. Empezó golpeando puertas en distintos clubes, ofreciendo sus servicios y construyendo vínculos con cuerpos médicos y jugadores. Así llegaron experiencias en Nueva Chicago, Atlanta, Sarmiento y muchos otros equipos de diferentes categorías del fútbol argentino.

Con el tiempo también llegaron los viajes. Jujuy, Puerto Madryn, Mendoza, Capital Federal y distintos puntos del país fueron formando parte de una rutina que todavía hoy recuerda con entusiasmo.

“Es lo que más me gusta”, asegura.

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El día que conoció a Diego

Entre todas las experiencias que le regaló el deporte, hay una que ocupa un lugar especial.

Todavía recuerda con precisión el día y el horario en que recibió el llamado. Le avisaban que Diego Armando Maradona había aceptado recibirlo para realizar una evaluación relacionada con las molestias que estaba atravesando.

Dos días después estaba entrando a su casa.

Más allá de la dimensión del personaje, lo que más lo marcó fue la forma en que fue recibido.

Lo que más lo asombró de su encuentro con Maradona fue la humildad del 10.

“La humildad en el trato y su manera de recibir a una persona desconocida”, recuerda.

Poder evaluarlo, conversar con él y compartir ese momento quedó guardado para siempre entre los recuerdos más importantes de su carrera profesional.

Una escuela de vida

Aunque hoy es reconocido por su trabajo dentro de la ortopedia deportiva, Gonzalo nunca imaginó que ese sería su camino. Antes de llegar a la profesión pensó en estudiar odontología y hasta tuvo interés por la agronomía. Sin embargo, una oportunidad familiar terminó cambiando el rumbo.

Su tío abuelo, Pedro Barberis, propietario de una de las ortopedias más importantes y tradicionales del país, lo invitó a trabajar junto a él. Allí permaneció cerca de siete años aprendiendo el oficio y compartiendo el día a día con profesionales que marcaron su formación.

“Era como un hospital escuela prácticamente”, recuerda.

Por sus talleres y consultorios pasaban pacientes de todo tipo y cada jornada representaba una oportunidad de aprendizaje. Pero cuando Gonzalo habla de aquellos años, no pone el foco únicamente en lo técnico.

La importancia de ser buena gente

Durante la entrevista aparece una idea que se repite una y otra vez. La responsabilidad con el paciente, la empatía y el valor de las personas ocupan un lugar central en su manera de trabajar.

Recuerda a su tío entregando productos a quienes no podían pagarlos en ese momento, priorizando la necesidad antes que el aspecto económico. También recuerda el trato cercano de quienes trabajaban allí y la importancia que le daban a cada caso.

Esa filosofía sigue acompañándolo hoy.

Para Gonzalo, detrás de cada consulta hay una persona que busca una solución, una respuesta o simplemente alguien que la escuche. Por eso insiste en generar confianza, explicar cada proceso y construir vínculos que muchas veces terminan trascendiendo el consultorio.

“La calidad humana es fundamental”, sostiene.

Elegir Junín

Lo que comenzó como un viaje laboral terminó convirtiéndose en un proyecto de vida.

Con los años, Junín pasó de ser una ciudad a la que venía a atender pacientes a convertirse en el lugar donde eligió vivir. Destaca la tranquilidad, la cercanía de la gente y esa combinación entre ciudad y pueblo que, según él, resulta difícil de encontrar en otros lugares.

También valora algo que menciona varias veces durante la charla: las personas con las que comparte el camino. Profesionales, colegas y amigos que encontró en Junín y en otras ciudades donde trabaja, todos atravesados por una forma similar de entender la profesión y el trato con los demás.

“Pasarla bien también es importante”, dice.

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La base

Sobre el final de la conversación aparece una palabra que resume gran parte de su historia: base.

Gonzalo la utiliza para hablar de su profesión, de las plantillas que diseña y de los procesos de formación que atravesó a lo largo de los años. Pero también para explicar su manera de entender la vida y el trabajo.

“Si la base la hiciste de ladrillo y después seguís construyendo con cartón arriba, se va a volar”, reflexiona.

Por eso sigue capacitándose, incorporando nuevas tecnologías y buscando formas de mejorar. Porque entiende que cualquier proyecto necesita fundamentos sólidos para sostenerse en el tiempo.

Y quizás ahí también esté la explicación de su historia en Junín. Después de llegar por trabajo, de construir vínculos y de encontrar un lugar donde quedarse, Gonzalo terminó haciendo lo mismo que busca para cada uno de sus pacientes: construir una buena base.

Por Juani Alaise.