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Paula Colombo: Nunca es tarde para tejer un sueño

En una esquina de Junín hay un local donde cada prenda tejida a mano guarda una historia. Se llama Entre Nosotras y el nombre no nació pensando en una marca. Nació mucho antes, en la amistad de tres mujeres que compartían una misma pasión por el tejido.

 

 

Paula Colombo, Silvina Casciero y Mechi Ratti eran amigas desde chicas. Compartían la vida, los encuentros y también las agujas. En 2021, cuando a Mechi le diagnosticaron una enfermedad, comenzaron a acompañarla durante sus internaciones. Cada vez que iban a cuidarla llevaban sus tejidos. Mientras conversaban, esperaban o simplemente compartían el silencio, las tres tejían. Fue en uno de esos días cuando apareció la idea.

Silvina estaba viviendo en Rosario y hablaba de la posibilidad de volver a Junín. Paula, que desde hacía años vendía algunas de sus prendas en ferias y desde un pequeño showroom en su casa, siempre había soñado con tener un local propio. Entre charla y charla empezaron a imaginar un proyecto compartido.

El nombre ya estaba ahí. Entre Nosotras.

Con el tiempo, el proyecto siguió adelante con Paula y Silvina. Mechi había formado parte de la idea desde el primer día y hoy las acompaña desde otro lugar. Dentro del local hay una fotografía de un viaje que las tres hicieron juntas a Chile años atrás. No está ahí por casualidad. Es una manera de recordarla y de mantener viva una historia que sigue presente en cada prenda que sale del local.

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Aprender a tejer casi sin querer

La relación de Paula con el tejido empezó mucho antes. Más precisamente en el colegio.

En las clases de manualidades les enseñaban a tejer pequeñas batitas que luego eran donadas a familias de bajos recursos. Como no le gustaba demasiado la tarea, todos los domingos llevaba el tejido a la casa de su abuela para que lo terminara por ella.

Hasta que un día la respuesta cambió. “No te tejo más”, le dijo.

Sin darse cuenta, esa negativa terminó marcando el comienzo de una pasión que todavía hoy la acompaña. Empezó a aprender observando a sus hermanas, después llegaron las agujas, el crochet y también otra influencia muy importante: una tía abuela que tejía para vivir y pasaba largas noches trabajando con su máquina de tejer. Paula recuerda quedarse hasta tarde mirándola trabajar sin imaginar que, muchos años después, ella también encontraría en la lana una forma de expresarse.

Paula Colombo, Silvina Casciero y Mechi Ratti eran amigas desde chicas. Compartían la vida, los encuentros y también las agujas. En 2021, cuando a Mechi le diagnosticaron una enfermedad, comenzaron a acompañarla durante sus internaciones.

Un rato para ella

Hay una pregunta que Paula responde casi sin pensar. ¿Qué es tejer? La respuesta no tiene que ver con una técnica ni con una prenda. “Es transportarme mentalmente.”

Cuenta que muchas veces prende la televisión solamente para tener un ruido de fondo. Que perfectamente podría tejer en absoluto silencio. Que cuando viaja lleva siempre un tejido encima y que, incluso cuando sus hijas eran chicas, buscaba la manera de levantarse un rato antes para poder sentarse unos minutos con las agujas.

Para ella, tejer nunca fue una obligación. Siempre fue un espacio propio. Un momento para desconectar del resto y dejar que la cabeza viaje a otro lado. “El que teje entiende de lo que estoy hablando”, dice entre sonrisas.

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Los sueños también tienen su tiempo

Aunque el deseo de tener un local estuvo presente durante muchos años, Paula nunca sintió ansiedad por alcanzarlo.

Había una profesión, una familia y dos hijas que demandaban tiempo. Entendía que había etapas para cada cosa.

Recuerda una anécdota que hoy la hace reír. En una época decidió aprender telar, armó toda la estructura y dejó el trabajo preparado para continuar al día siguiente. Mientras ella hacía otra cosa, una de sus hijas, todavía muy chiquita, agarró una tijera y fue cortando uno por uno todos los hilos que había preparado.

Ese día entendió algo importante. “No era el momento”.

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Con los años comprendió que los proyectos también tienen sus tiempos y que no vale la pena vivir frustrado por aquello que todavía no puede hacerse.

“Lo importante es no quedarse con materias pendientes”, asegura.

Esa misma idea es la que intenta transmitirles hoy a sus hijos. Que cada uno pueda desarrollar su profesión, pero que nunca deje de lado aquello que realmente le apasiona. Porque siempre llega el momento para intentarlo.

Cada prenda cuenta una historia

Entre Nosotras nació alrededor del tejido artesanal y todavía hoy esa sigue siendo su esencia.

Paula y Silvina diseñan gran parte de las prendas, combinan colores, prueban materiales y muchas veces dejan que el propio proceso marque el camino. Hay sacos que terminan siendo chalecos, pashminas que se transforman en otra cosa y combinaciones que aparecen casi por casualidad.

También decidieron que nada se desperdicie.

Los restos de lana de distintas prendas vuelven a convertirse en nuevos tejidos, dando lugar a piezas irrepetibles. Ninguna vuelve a salir igual a la anterior. Cada combinación depende de los materiales disponibles, del momento y, muchas veces, hasta del estado de ánimo con el que se sientan a tejer.

“Eso también está bueno. A veces empezás una cosa y termina siendo otra completamente distinta”, cuenta.

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Mucho más que una prenda

Quienes entran al local buscan cosas muy distintas. Algunas llegan porque recuerdan los tejidos que hacían sus madres o sus abuelas. Otras descubren por primera vez el valor de una prenda hecha completamente a mano. Pero casi todas terminan encontrando algo que va un poco más allá de la ropa.

Cuando se le pregunta qué se lleva una persona que compra una prenda de Entre Nosotras, Paula sonríe y responde sin dudar:

“Se lleva parte de nosotras.”

Por Juani Alaise.