Abogado y coach ontológico profesional, Alejo Castro Clavera encontró en la escucha una herramienta que cambió su manera de relacionarse con las personas. Hoy se especializa en coaching ejecutivo y organizacional, acompañando a líderes y equipos de trabajo para mejorar la comunicación, la organización y la gestión del tiempo. Una profesión que descubrió casi por casualidad y que terminó convirtiéndose en su mayor pasión.
Alejo tenía 21 años, estudiaba Abogacía en la Universidad de Buenos Aires y llevaba una carrera académica prácticamente impecable. Venía de una familia de abogados, tenía un excelente promedio y un futuro profesional que parecía bastante claro. Sin embargo, había algo que no terminaba de convencerlo.
En agosto de 2021, una conversación con una persona que había conocido en el ámbito de la abogacía despertó una curiosidad que terminaría cambiando su camino. Ella era coach ontológica y, mientras le contaba sobre su profesión, mencionó algo que a Alejo le llamó especialmente la atención: la importancia de aprender a escuchar.
Siempre le había gustado hablar con las personas, conocerlas y generar vínculos, pero sentía que la escucha era una capacidad que todavía tenía por desarrollar. Aquella conversación ocurrió el 12 de agosto de 2021. Seis días después, Alejo ya estaba inscripto en la Escuela de Formación de Líderes para comenzar a estudiar coaching ontológico.
Hoy, cinco años más tarde, continúa ejerciendo la abogacía en Junín, pero asegura que alrededor del 80% de su actividad profesional está vinculada al coaching. Una decisión que tomó siguiendo una inquietud personal y que lo llevó a descubrir una nueva manera de trabajar con las personas.
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El camino que parecía marcado
En la familia de Alejo, la abogacía era prácticamente una tradición. Su mamá, su papá y su hermana habían elegido esa profesión, y él siguió el mismo camino al comenzar sus estudios universitarios en Buenos Aires.
Le iba bien, disfrutaba de determinados aspectos de la carrera y tenía un futuro profesional por delante. Sin embargo, durante la pandemia comenzó a hacerse algunas preguntas sobre lo que realmente quería para su vida. Curiosamente, el coaching ya había aparecido en su historia algunos años antes.

En 2017, cuando todavía estaba definiendo qué estudiar, realizó un test vocacional. Entre las recomendaciones apareció Abogacía, pero también recibió una sugerencia que en aquel momento le resultó extraña: cuando estuviera avanzado en la carrera, podía explorar el mundo del coaching.
“No sabía ni qué era”, recuerda. La recomendación quedó dando vueltas durante años, hasta que aquella conversación de agosto de 2021 volvió a poner el tema sobre la mesa. “Me sentí muy identificado hablando con esa persona. Me llamó mucho la atención la cercanía con la que hablaba de las personas y, sobre todo, el tema de la escucha”.
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Decidió inscribirse casi impulsivamente. En su familia aparecieron algunas dudas, principalmente porque era una actividad poco conocida y resultaba difícil entender para qué servía. Alejo tampoco tenía demasiado claro qué iba a encontrar.
Estudió en la Escuela de Formación de Líderes, donde se recibió como coach ontológico profesional, y luego realizó una especialización en coaching ejecutivo. Con el tiempo, aquella curiosidad comenzó a convertirse en una profesión que hoy ocupa gran parte de sus días.
Aprender a escuchar
Cuando Alejo intenta explicar qué fue lo que más lo movilizó al conocer el coaching, vuelve una y otra vez sobre la misma palabra: escuchar.
“Me gusta mucho hablar con personas, conocer personas, pero sentía que eso de aprender a escuchar no lo tenía tan desarrollado. Y pensé que adquiriendo ese conocimiento podía tener una cercanía distinta con las personas”.

Desde su perspectiva, la escucha implica prestar atención a lo que una persona dice, pero también a cómo lo expresa, a sus emociones y a su lenguaje corporal. Esa búsqueda personal fue la que lo llevó a estudiar y, con el tiempo, encontró una manera de trasladar ese aprendizaje al mundo laboral.
Actualmente se especializa en coaching ejecutivo y organizacional, trabajando con líderes y equipos dentro de distintas empresas. “Yo siento que el coaching es una práctica profesional que acompaña a las personas a adquirir nuevas herramientas para tener otras perspectivas a la hora de accionar en su día a día”.
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Su trabajo consiste en generar espacios de conversación, formular preguntas y acompañar a las personas para que puedan revisar determinadas situaciones desde otros puntos de vista. Alejo explica que una de las características de su profesión es que el coach no toma decisiones por la otra persona.
“Yo no te vengo a enseñar absolutamente nada. A través de lo que escucho te hago preguntas y trato de que se te abra un abanico de perspectivas. Después la decisión la tomás vos“. Esa forma de acompañar es una de las cosas que más disfruta de su trabajo.
“Cuando voy a una empresa y genero una conversación en la que las personas piensan, se escuchan y reflexionan, me voy lleno de energía. Siento que esto es lo que realmente me apasiona”.

El valor de nuestro tiempo
Hay algo que Alejo considera especialmente valioso en la vida de las personas: el tiempo. Y una gran parte de ese tiempo transcurre trabajando.
Por eso, su actividad dentro de las empresas está orientada a brindar herramientas que permitan mejorar la organización cotidiana y generar un ambiente de trabajo más cómodo para quienes forman parte de ella.
Entre los temas que más aborda aparecen tres: la comunicación, la delegación de tareas y la gestión del tiempo.
“Yo siento que todas las personas debemos aprender a comunicarnos, a delegar y a gestionar nuestro tiempo. Y hay algo todavía más desafiante, que es aprender a escucharnos, tanto entre colaboradores como a nosotros mismos”.
Alejo cuenta que muchos de los líderes que se acercan a él lo hacen porque sienten que están desbordados por sus responsabilidades.
“Me llaman y me dicen: ‘Estoy colapsado, no sé cómo organizar mi agenda para trabajar mejor’. En esos casos, comienza a trabajar sobre la distribución de tareas, la definición de responsabilidades y la organización de los equipos.
Muchas veces encuentra líderes que intentan resolver absolutamente todo por su cuenta, aun cuando tienen personas con quienes compartir esas responsabilidades. “Generalmente los líderes quieren hacer todo ellos. Y tienen un equipo para delegar. Hay que empezar a definir qué funciones y qué roles tiene cada uno”.
Según explica, cuando las personas conocen sus responsabilidades y cuentan con una organización clara, también mejora la comunicación y comienzan a construirse relaciones de mayor confianza.
Alejo intenta aplicar esas mismas herramientas en su propia rutina. Además de trabajar como coach, tiene un estudio jurídico en Junín junto a un equipo de profesionales. Sus días se reparten entre la abogacía, reuniones individuales con gerentes y encuentros con equipos de distintas organizaciones.

Cada viernes organiza su agenda para la semana siguiente, adaptándose a las necesidades de las empresas con las que trabaja. Y cada mañana comienza con una lista de tareas que ordena según su importancia y urgencia.
Es una manera de llevar a su propia vida aquello que busca transmitir profesionalmente.
Volver a mirarse a los ojos
¿Cómo se trabaja el coaching dentro de una empresa? Alejo explica que cada encuentro comienza mucho antes de reunir a las personas. Primero conversa con los líderes, escucha las necesidades del equipo y define qué temas pueden resultar útiles para trabajar.
Después llega el momento de encontrarse con los colaboradores. Una de las primeras cosas que suele hacer es sentarlos en ronda, de manera que todos puedan verse las caras.
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“Me gusta que nos veamos entre todos. Después arrancamos con una respiración y una visualización para bajar un poco la carga que traemos del trabajo”.
Aclara que esa primera actividad es voluntaria y que cada persona puede participar de acuerdo con su comodidad.
Luego introduce brevemente el tema del encuentro, que puede estar relacionado con la motivación, la comunicación o alguna dificultad que atraviese el equipo.
A partir de ahí comienzan las preguntas. Por ejemplo, puede pedirle a una persona que cuente qué admira de un compañero o qué le inspira de alguien con quien comparte todos los días su trabajo.
Son preguntas que buscan abrir conversaciones que difícilmente aparezcan durante la rutina laboral. “Se empiezan a conocer entre ellos. Salen charlas profundas y trato de ser un facilitador de esa comunicación, para que haya respeto, empatía y entendimiento”.
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Alejo considera que conocer mejor a quienes tenemos al lado permite comprender sus comportamientos, sus preocupaciones y sus maneras de trabajar. Y recuerda una experiencia reciente que le permitió dimensionar el valor que pueden tener esos encuentros.
Durante una actividad en un taller, un trabajador de 55 años le contó que hacía mucho tiempo que no agarraba una lapicera ni se sentaba a leer algo. Su rutina estaba vinculada al trabajo manual y hacía años que no participaba de una actividad de esas características.
Para Alejo, aquella conversación fue especialmente significativa. “Son cosas que parecen simples, pero para la otra persona pueden ser muy importantes”.

Algo parecido ocurre cuando se toma el tiempo de preguntarle a alguien cómo está. “Pero no el ‘¿cómo estás?’ de ‘hola, ¿cómo andás?’, ‘bien, ¿y vos?’. Preguntarle realmente cómo se siente, cómo está esa semana, cómo está dentro de la organización”.
Considera que esas conversaciones ayudan a recuperar una dimensión humana que muchas veces queda relegada por las exigencias cotidianas del trabajo.
También reconoce que existen situaciones que requieren otro tipo de acompañamiento profesional. Por eso trabaja con un equipo interdisciplinario de psicólogos y psiquiatras, a quienes deriva aquellos casos que exceden su campo de intervención.
“Me parece muy importante y es parte de la ética profesional poder delegar ciertas temáticas”. Su especialidad está centrada en la organización, la comunicación y el trabajo con líderes y equipos.
Hablar sin máscaras
En una profesión donde la comunicación ocupa un lugar central, Alejo tiene una definición muy personal sobre lo que significa comunicarse.
“Para mí, la comunicación es poder hablar con la otra persona sin máscaras, sin caretas. Hablar de lo que realmente uno siente, siendo transparente y honesto”.
Esa idea atraviesa buena parte de su trabajo. Considera que las conversaciones sinceras permiten construir confianza y que esa confianza resulta fundamental para cualquier equipo.
También entiende que un buen ambiente laboral puede generar un mayor sentido de pertenencia entre las personas que forman parte de una organización.
“No hay nada más lindo que trabajar en un buen equipo, organizado y con buena comunicación.” Hoy busca seguir desarrollándose profesionalmente, incorporar nuevas herramientas y acercar el coaching ejecutivo y organizacional a más empresas de Junín.
Para eso continúa formándose y explorando propuestas de instituciones como la Universidad de San Andrés y la Escuela Europea de Coaching. Siente que todavía hay mucho por hacer y que el crecimiento de la ciudad también abre oportunidades para desarrollar este tipo de prácticas.
Tirarse a la pileta
Cuando Alejo comenzó a estudiar Abogacía en Buenos Aires, difícilmente hubiera imaginado que años después estaría dedicando la mayor parte de su tiempo a acompañar líderes y equipos de trabajo.
A los 21 años tenía un camino profesional bastante definido, una familia vinculada al Derecho y buenos resultados académicos. Sin embargo, aquella inquietud que apareció durante la pandemia terminó llevándolo hacia un lugar completamente inesperado.
Recuerda que durante las primeras clases de coaching sentía una mezcla de entusiasmo, incertidumbre y miedo. “Sentía una bola en el estómago impresionante. Era como decir: esto es lo que me gusta, pero ¿lo puedo hacer?, ¿cómo me irá?”.
Las dudas aparecían constantemente. Se preguntaba por qué debía salir de su zona de comodidad cuando tenía un futuro profesional encaminado dentro de la abogacía.
En esos momentos, una de sus supervisoras le repetía una frase que todavía recuerda. “Tirate a la pileta que hay agua.” Alejo decidió hacerlo. Hoy continúa ejerciendo como abogado, pero encontró en el coaching una actividad que lo entusiasma y que quiere seguir desarrollando.
“Termino el día y digo: qué lindo trabajar de esto”. Y cuando mira hacia atrás y recuerda aquella decisión que tomó casi impulsivamente, apenas seis días después de una conversación que despertó su curiosidad, tiene algo para decirle a ese joven que todavía no sabía muy bien hacia dónde estaba yendo.
“Hoy agradezco a ese Alejo de 21 años que se animó a dedicarse de lleno a esta práctica profesional”.









